Lo recuerdo como si fuera ayer. Fue una mañana típica- me despedí a la mujer y salí de nuestro hoyo humilde para encontrar el alimento que necesitaba mi familia. Entré en una celda de un fraile muy estimado por el pueblo. Sabía que no tenía muchas posesiones y así sería más fácil buscar los bichos allí. Sólo estaba caminando tranquilamente, notando el ambiente, cuando el fraile se acercó a mí con un destello malvado en los ojos. De repente, me envolvió un papel mohoso. Quería resistir pero descubrió que ya no podía moverme. Me sentía que alguien me estaba llevando- adónde no sabía. Sólo podía esperar mi destino que ya viniera. Intentaba leer el papel, pero ni siquiera me podía pacificar porque sólo era la teología aburrida. Cuando llegamos a nuestra destinación, un hombre viejo me examinó avariciosamente y luego me colocó en una caja de exhibición. Pasé seis meses allí, preocupándome de la familia y padeciendo cada segundo de la cautividad. Lo peor fue las mujeres que venían a salivar sobre mí, como si fuera una mercancía para adquirir. Finalmente, después de los meses insoportables, mi condición cambió. Lo pasó tan rápidamente que fue difícil entender lo que pasaba. Antes de saberlo, estuve en la ventana de la celda otra vez. Oí una bendición y de repente me podía sentir las coyunturas aflojando. Me había convertido en mí mismo. No podía creerlo. Miré con rabia al buen fraile, pero no quería gastar el tiempo para picarle. Quería ver a mi familia querida. Regresé a mi hogar de prisa. Pero cuando llegué, todo era diferente. Mis niños no me reconocieron y encontré a mi mujer con otro alacrán. Me partió el corazón y me sentía entumecido. Salí el hoyo desconocido y empecé a andar sin saber una destinación. Ahora vago por el mundo sin una familia ni un futuro. Y como si no bastara el sufrimiento, el pueblo ha creado un refrán para celebrar la tragedia de mi vida. Cada vez que oigo “¡Esto vale tanto como el alacrán de fray Gómez!” tengo que acordarme de ese fraile que hizo un “milagro” y arruinó la vida de un animalito inocente en el proceso.
(Una reacción creativa basada en “El alacrán de fray Gómez” por Ricardo Palma)A la izquierda: cuando decidimos comer un alacrán en China (no tiene nada que ver con este blog)
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